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lunes, 16 de mayo de 2011

Plantar para los demás

Un señor encontró a su vecino, un anciano de ochenta y seis años, haciendo hoyos en la tierra. ¿Qué estás haciendo, Juan? preguntó. Plantando árboles de mango, replicó el anciano. 
 
¿Esperas comer mangos de esos árboles? dijo burlándose el vecino.
 
No. A mi edad sé que no lo haré, habló el anciano. Pero toda mi vida he comido mangos, y no de un árbol que yo haya plantado. No hubiera yo tenido esos mangos si otros hombres no hubieran hecho lo que yo estoy haciendo ahora. Sólo trato de pagar a mis semejantes que plantaron los árboles de mango para mí. 
 
Tenemos una gran deuda con aquellos que nos precedieron y que sufrieron mucho para proporcionarnos lo que ahora disfrutamos. 

Cada uno de nosotros paga la deuda en cierta medida, haciendo ahora lo que ellos hicieron en su tiempo: dando todo lo que podamos para asegurar eso mismo, para las futuras generaciones.

domingo, 15 de mayo de 2011

Pelea en la carpintería

Se cuenta que cierta vez, hubo en una carpintería una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para ajustar sus diferencias. El martillo presidió la reunión; pero los participantes le notificaron que tenía que renunciar. ¿La causa? Hacia demasiado barullo y, demás, se pasaba el tiempo golpeando. El martillo acepto la culpa, pero también pidió que fuera expulsado el tornillo que, según él, daba muchas vueltas para conseguir algo.
Ante el ataque, el tornillo estuvo de acuerdo, pero a la vez, pidió la expulsión de la lija. Decía que ella era muy áspera en su trato para con los demás, terminando siempre en roces. La lija acató la orden con la condición de que se expulsase al metro porque siempre media a los otros según su propia medida, como si fuera el único perfecto
En ese momento entro el carpintero, juntó el material y comenzó su trabajo. Utilizo el martillo, el tornillo, la lija y el metro. Finalmente la madera rustica se convirtió en un fino mueble.
Cuando la carpintería quedo nuevamente sola, la asamblea reactivo la discusión. Esta vez, el serrucho tomo la palabra: - Señores, quedó demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades, con nuestros puntos valiosos. Así que no pensemos en nuestros puntos débiles y concentrémonos en nuestros valores. Todos entendieron, entonces, que el martillo era fuerte, el tornillo unía, la lija era especial para limar y afinar las asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron así como un equipo capaz de … producir muebles de calidad y se pusieron entonces a trabajar con alegría, y en equipo.
Este texto de autor desconocido, muestra lo que realmente sucede, en diversas ocasiones, con los seres humanos. Basta observar y comprobarlo. Cuando una persona busca defectos de otra, la situación se vuelve negativa y tensa, por el contrario, cuando se buscan con sinceridad los puntos fuertes y las virtudes del otro, florecen las mejores conquistas humanas. Es fácil encontrar defectos, cualquiera puede hacerlo; pero encontrar cualidades… eso es para los sabios!

domingo, 8 de mayo de 2011

Casa pequeña

Cuando Sócrates quiso construir su casa, tuvo que conformarse con una morada pequeña. 

Y cuando algunos le hicieron notar que era de dimensiones muy reducidas, Sócrates replicó:

-¡Quieran los dioses que esté siempre llena de amigos!

viernes, 29 de abril de 2011

Al otro lado del seto

Un anciano hacía muchas obras de caridad con los pobres y siempre que  hacía una exclamaba:
-Otra manzana, tirada al otro lado del seto.
Un día una persona le preguntó por el sentido de esas palabras, y le respondió:
- Un día llamé a los muchachos en mi huerto y les dije que comiesen la fruta que quisieran hasta que no pudieran más, pero que no podían guardarla en los bolsillos. Ellos comieron hasta saciarse, pero después vi como alguno tomaba la manzana, y la tiraba al otro lado del seto para romarla en cuanto hubiera salido. Para mí fue una lección muy instructiva...

(El bien que hacemos en esta vida, es necesario lanzarlo al otro lado del seto, para que, al salir de este mundo, podamos encontrarlo en el otro)

Amar la vida

Un profesor fue invitado a dar una conferencia en una base militar, y en el aeropuerto lo recibió un soldado llamado Ralph.
Mientras se encaminaban a recoger el equipaje, Ralph se separó del visitante en tres ocasiones: primero para ayudar a una anciana con su maleta; luego para cargar a dos pequeños a fin de que pudieran ver a Santa Claus, y después para orientar a una persona. Cada vez regresaba con una sonrisa en el rostro.

"¿Dónde aprendió a comportarse así?", le preguntó el profesor. "En la guerra", contestó Ralph.
Entonces le contó su experiencia en Vietnam. Allá su misión había sido limpiar campos minados. Durante ese tiempo había visto cómo varios amigos suyos, uno tras otro, encontraban una muerte prematura.
"Me acostumbré a vivir paso a paso" -explicó. "Nunca sabía si el siguiente iba a ser el último; por eso tenía que sacar el mayor provecho posible del momento que transcurría entre alzar un pie y volver a apoyarlo en el suelo.
Me parecía que cada paso era toda una vida".

Nadie puede saber lo que habrá de suceder mañana. Qué triste sería el mundo si lo supiéramos. Toda la emoción de vivir se perdería, nuestra vida sería como una película que ya vimos.
Ninguna sorpresa, ninguna emoción. Pienso que lo que se requiere es ver la vida como lo que es: una gran aventura.
Al final, no importará quién ha acumulado más riqueza ni quién ha llegado más lejos. Lo único que importará es quién lo disfrutó más.
Ama más quien más ha servido, porque aprecia su vida y la de los demás
 

sábado, 23 de abril de 2011

EL ANGEL

Cuenta la antigua leyenda que un niño que estaba por nacer le dijo a Dios:

-Dicen que me vas a enviar mañana a la tierra pero ¿cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?

-Entre muchos ángeles te escogí uno para ti, que te está esperando, él te cuidará.
-Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz. Y ¿cómo entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma en que hablan los hombres?
-Tu Ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.
-Y ¿qué haré cuando quiera hablar contigo?
-Tu Ángel te juntará las manitas y te enseñará a orar.
-He oído que en la tierra hay hombres malos ¿Quién me defenderá?
-Tu Ángel te defenderá aún a costa de su propia vida.
-Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.
-Tu Ángel te hablará de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado.

En ese instante una paz reinaba en el cielo, pero se oían voces terrestres y el niño presuroso repetía suavemente.


-Dios mío, si ya me voy dime su nombre. ¿Cómo se llama mi ángel?

-Su nombre no importa; tú le dirás MAMÁ...

"TODOS NACEMOS ENCOMENDADOS AL ANGEL QUE NOS DIO LA VIDA"

EN BICICLETA CON DIOS

Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera. Era como un presidente, reconocía su foto cuando la veía, pero realmente no lo conocía.

Pero luego reconocí a mi Salvador; parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta, pero era una bici de dos, y noté que Dios viajaba atrás y me ayudaba a pedalear.
No sé cuando sucedió, no me di cuenta cuando fue, que Él sugirió que cambiáramos lugares, lo que sí se es que mi vida no ha sido la misma desde entonces.

Mi vida con Dios es muy emocionante. Cuando yo tenía el control, yo sabía a donde iba. Era un tanto aburrido, pero predecible. Era la distancia más corta entre dos puntos. Pero cuando Él tomó el liderazgo, Él conocía otros caminos, caminos diferentes, hermosos, por las montañas, a través de lugares con paisajes, velocidades increíbles. Lo único que podía hacer era sostenerme; aunque pareciera una locura, Él sólo me decía: "¡Pedalea!"

Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba, "¿A dónde me llevas?" Él sólo sonreía y no me contestaba, así que comencé a confiar en Él. Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía "estoy asustado", Él se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano.

Él me llevó a conocer gente con dones, dones de compartir y aceptación, Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje; nuestro viaje, de Dios y mío.

Y allá íbamos otra vez. Él me dijo: "Comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso, mucho peso extra". Y así lo hice... a la gente que conocimos, encontré que en el dar yo recibía y mi carga era ligera.

No confié mucho en Él al principio, en darle el control de mi vida. Pensé que la echaría a perder, pero Él conocía cosas que yo no sabía acerca de andar en bici... secretos. Él sabía como doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos.
Y ahora estoy aprendiendo a callar y pedalear por los más extraños lugares. Estoy aprendiendo a disfrutar de la vista y de la suave brisa en mi cara y sobre todo de la increíble y deliciosa compañía de mi Dios.

Y cuando estoy seguro que ya no puedo más, Él sólo sonríe y me dice: "¡Pedalea!"